domingo, 24 de octubre de 2010

MI SUEÑO


Mi sueño… Algo que no sería difícil de hacer realidad. Para ello no necesito chalets, casas o lujosos coches. Me sobran todos los millones de euros que se ganan en los sueños, todos los diamantes de princesas o todas las joyas de reinas. Mi sueño es sencillo, y tan sólo te necesito a ti para que lo puebles.
Deseo pasear una tarde por la playa, y que en un punto me cogas la mano, sin decir palabra. Deseo que en ese momento yo sea la única que hace a tu mente funcionar, o a tu corazón palpitar; quiero ser la única que por un segundo sea la directora de tu razón de ser. Que mientras caminamos, las olas vengan y empapen nuestros pies, haciéndonos reír ante su cosquilleo, y que más tarde nos sentemos en silencio a sus orillas, mientras el sol se óculta poco a poco. Entonces tú cogerás mi mano, y guiarás mi dedo sobre la arena, creando nuestra obra: un corazón. Después vendrá una pequeña ola, y tímidamente se llevará consigo nuestra creacción, pero no con ello nuestro sentimiento, el que hoy hemos creado, el que ha funcionado, aunque sólo haya sido por un segundo, en mi corazón.

INSTRUMENTOS DE UN ESCRITOR


Me siento en la silla de mi polvoriento escritorio, observando cómo la luz dorada del atardecer se filtra en polvos dorados a través de la ventana. En mi viejo escritorio tan sólo hay un simple bolígrafo y un papel amarillento. ¿Es que acaso necesito más? Mi imaginación comienza a funcionar, y miles de mundos afloran en mi mente. Seres imaginarios comienzan a salir de sus escondites, sentimientos anónimos me llenan como nunca. Sólo debo alargar los dedos, tan sólo eso, y cogeré el bolígrafo. Lo estrecharé entre mis dedos; tendré en mi mano el mejor instrumento de un escritor. Después acercaré mi silla de ruedas a la mesa, y colocaré el papel enfrente de mí. Y así, llena de ilusión y confianza, acercaré el bolígrafo al papel y dejaré que los dos objetos se fundan y se complementen en uno solo. Así escribiré las líneas de mi primer libro.

TE ODIO Y A LA VEZ... TE AMO

3 de Agosto… un día cualquiera de mi vida, una mañana normal, que sin embargo, un hecho la cambió para siempre, y no sabría decir si para bien o para mal.
Una amiga se acercó sonriente, llevándote tras ella, y nos presentó de forma informal. Creo que en ese momento mi corazón pedía quererte, pero no me di cuenta de ello hasta que tus dos besos de presentación dejaron un cosquilleo en mi piel que me dejó con ganas de más. Desde entonces, cada uno de mis pensamientos era para ti, imaginando cosas imposibles, porque, ¿cómo podías haber sentido tú lo mismo que yo nada más conocerte? Casi me reía de sólo pensarlo.
Pero así lo quisiera el destino, y la suerte me sonrió. Una noche te acercaste a mí, y tu sonrisa, como siempre, me hizo sonrojar. Me tomaste de la mano, y yo vi una esperanza entonces. Me acerqué a ti, mientras veía cómo brillaban tus ojos en la noche, y nuestros labios se juntaron con suavidad. Cuando nos separamos, no hablamos; sobraban todas las palabras. Tan sólo tenía un pensamiento en mente: Hoy, 15 de Agosto, doce días después de conocerte, te has fijado en mí, haciendo por un momento que sea la princesa de mi propio cuento de hadas.
Tras aquella noche, cada día era demasiado corto para mí. Tus caricias, besos y abrazos, me hacían estremecer como si fuesen los primeros. Tú, con tu camisa rosa y tus pantalones marrones, y yo, con mi camisa morada y pantalones negros que tanto te gustaban, nos cogíamos de la mano al caminar entre las calles.
Lo más duro de todo, fue despedirte. Mis padres debían volver a trabajar en Septiembre, y yo debía continuar con mis estudios. Nuestra despedida fue simple, pero cargada de innumerables promesas para cuando nos volviésemos a ver.
Cada día al despertarme pensaba en ti, y aunque nos separaban muchos kilómetros, casi podía sentirte a mi lado. Esperaba cada día para poder llamarte y volver a escuchar tu voz. Como sucede siempre, un día discutimos, pero el nombre que le diste a nuestra pelea: "Nuestra primera crisis", me hizo reír después.
¿Qué fue lo que falló entonces?, ¿Qué fue lo que no te supe dar? Un día cualquiera recibí tu llamada, esperando encontrar amor en tus palabras como cada día, pero tus frases tan sólo describían nuestra despedida. Al guardar mi móvil, sólo una lágrima caía de mis ojos, pero hacía las veces de un ejercito de ellas.
Ahora me odias, y no entiendo razón. Tus malas formas, tus insultos, tus gritos… eres tan diferente a como te recordaba… Ya no hay sonrisas, ni besos ni abrazos, tan sólo odio y desdén, pero lo que peor me sabe, es que siento que yo no te puedo apartar de mi lado como has hecho tú conmigo.
Sé que debería odiarte, por el daño que me has hecho sin razón, por todo lo que dejaste que el viento se llevara en un segundo… Pero no puedo. Por muchos gritos que des, por muchas chicas que halla a tu lado, por muchos besos que des y muchas manos cojas, yo siempre te seguiré queriendo, recordando a cada instante nuestros momentos en aquel verano de 2009, recordando aquellos días junto a ti, siendo la persona que ocupaba tu mente, y soñando con estar a tu lado mucho tiempo pero… he descubierto que los cuentos de hadas no existen.

NO PODEMOS CAMBIAR EL PASADO


No puedo volver atrás, no puedo cambiar esa escena, no puedo modificar mis duras palabras, ni restañar las pequeñas gotitas que entonces cayeron de tus ojos. No puedo volver al pasado y pedirte perdón antes de marchar. Lo que pasó no lo puedo cambiar, y creéme, lo he intentado de todas las formas posibles. Intenté pedir perdón, hablar, hacer como si nada hubiese ocurrido… Pero es imposible. El pasado es una parte del tiempo que permanece inalterable y nos sigue a todas partes, recordándonos constantemente qué hemos sido y hecho.
Hubiera preferido que dos fuertes pinzas graparan mis labios, y que así no hubiera hablado. Desearía poder haber dado media vuelta, y que lágrimas de rabia las hubiera derramado yo, en vez de tus lágrimas de traición.
El pasado siempre me recordará lo que hice, y nada de lo que haga ahora podrá arreglarlo, ni siquiera el perdón. Ya sólo puedo esperar en mi ventana, mientras la lluvia se desliza entre los cristales, y comenzar desde 0, para volver a conocer tu amistad.
Porque, después de todo, tal vez puedas, no olvidar el pasado, pero sí pensar e ello como algo que me hizo cambiar. Cambiar en el sentido de que si antes me hubiera creido superior a todos, ahora soy una simple niña que pide volver a estar contigo. ¿Crees que podremos llegar a ser como antes, como dos gotas de agua que sonreían al mismo tiempo y lloraban a la vez?

VOLVER POR TI

Madrid, 11 de Marzo de 2004, 7.34 AM

<< Vale, te llamaré en cuanto llegue. Supongo que estaré en Atocha en unos minutos. Te quiero, adiós.>> Esas fueron mis últimas palabras antes de colgar el móvil. Tuve que ir con cuidado a la hora de guardarlo en el bolso, pues hoy, 11 de Marzo, el tren está abarrotado, cómo suele ocurrir entre semana, a la hora punta para ir a trabajar. Después de un año en el extranjero, por fin volvía a Madrid. Apenas quedaban unos minutos para llegar a la estación, por lo que atravesamos el último túnel reduciendo ya la velocidad. Pero algo comenzó a fallar. Hubo un breve silbido extraño, un inusual traqueteo y después se apagó la luz. Unos interminables chillidos rasgaron el aire, y en el transcurso de cinco minutos exactos algo explotó. Todo quedó en silencio, y lo último que alcanzé a ver fue un charco de sangre, y cuerpos tirados en el andén. Luego mis ojos se cerraron, y sólo escuchaba que alguien gritaba, me llamaba, y tiraba de mí. Después de eso perdí definitivamente el conocimiento, y desaparecí para siempre de ese lugar.

***

Cuando despierto me encuentro en un túnel. No siento nada, tan sólo un leve tirón en alguna parte de mí. Comienzo a andar a través de él, sin poderme imaginar cómo he llegado a ese lugar. Mis manos rozan los muros, y en ellos veo mis recuerdos, ordenados cronológicamente en el tiempo. Me dejo llenar por ellos mientras camino hacia el final, donde puedo ver una deslumbrante luz blanca. Sin embargo, veo una figura que se va acercando poco a poco hacia mí. Es mi padre. Me hubiera llenado de una inmensa alegría, de no ser por que sabía que mi padre había muerto hace algunos años, aquejado de una extraña enfermedad sin cura.
Se detiene a pocos pasos de mí y me sonríe cálidamente.
- ¿Papá?-pregunto.
Él asiente despacio.
- Pero, ¿dónde estoy?, ¿cómo es que tú estás aquí?-dijo con perplejidad.
Veo cómo su rostro se ensombrece poco a poco mientras hago preguntas, y en un momento dado paro y espero a que conteste.
- Pero, ¿de verdad que no te acuerdas?-dice después de un rato.
- ¿De qué debería acordarme?-vuelvo a cuestionar confusa.
Él respira hondo antes de contestar.
- ¿No recuerdas la explosión del tren, y cómo saliste despedida por la ventana, para después caer en el andén?
Ahora sí. Ahora vuelvo a escuchar el silbido, el traqueteo, y la terrible explosión. Allí, tirada en el andén en medio de muchos cadáveres, me observo a mi misma, y a un rostro que me coje de la mano, y me sujeta mientras espera a que lleguen sanitarios. El paisaje está teñido de sanqre y lágrimas, pero esto no es una película, es la vida real.
- Entonces yo… ¿yo estoy…?- no puedo acabar la frase, y un nudo presiona mi garganta sin piedad.
Mi padre no responde, y lo tomo como una afirmación.
No puede ser. No puedo haber muerto. No puedo haberme alejado del mundo en unos minutos, no puede haber terminado todo ya, pero sobretodo, no puedo dejar de lado la vida, teniendo tantas cosas por dar, entre ellas, el amor. Aún tengo grabado cómo me sujeta la mano Rubén, y en alguna parte sé que aún sus dedos se entrelazan con los míos.
- No puedo irme aún. Todavía no es mi hora, y me queda mucho por vivir.-digo con determinación.- He de volver.
Él me observa como si también lo creyera, y entonces comienza a hablar.
- No cruces entonces, pequeña. Vuelve y deja que tu corazón vuelva a latir. Halla la fuerza para volver en tu interior, y volverás. Aún puedes hacerlo. Vuelve a la vida, María, mi pequeña-dice.
Lo abrazo y por mis mejillas corren lágrimas calientes, pero nuestro abrazo dura poco tiempo, ya que un fuerte tirón me desequilibra, y comprendo que es mi hora. Aprovecho el empujón que viene del otro lado para poder volver, y pronto veo que caigo en un abismo que no tiene fin.

***

Lo primero que siento es dolor. Pero también siento el golpeteo constante de algo dentro de mí. Como un corazón. Y una respiración lenta que también surge de mi interior. Vuelvo a sentir mi cuerpo, y eso sólo puede significar una cosa: vida.
Abro los ojos y veo multitud de vendas que rodean mi cuerpo, además de varias vías intravenosas que sujetan mis muñecas. Estoy tendida en una cama con barandillas, que está conectada a una máquina que va marcando mis latidos. Ladeo la cabeza y me encuentro con un rostro familiar: Rubén. En cuanto me ve, veo cómo una lágrima cae de sus ojos.
- ¡María, oh Dios, has despertado!-dice, y las palabras quedan atrapadas en su garganta.
En un momento dado, bajo la vista, y observo que una de sus manos está agarrando la mía. Algo que me hubiera permitido volver, con la ayuda de un simple tirón.
- ¿Qué te ocurre?-dice de pronto, y me doy cuenta de que estoy llorando; llorando porque sé que él me ha traído de vuelta. Pero niego con la cabeza; no es necesario contar mi experiencia.- María, no despertabas, pensábamos…, oh, Dios, pensábamos que tú…
- Shh-susurro- Estoy aquí, he vuelto por ti.
Me abraza y siento que todo deja de tener sentido a mi alrededor, pero, por muchos días que pasen, no contaré nada a nadie: el haber estado muerta y haber vuelto a la vida. No contaré que he desafiado a la muerte, y que he vuelto, gracias a un sentimiento. Será mi secreto, algo que guardaré conmigo para siempre, porque, gracias a él, me ha brindado una segunda oportunidad para volver a vivir.
Tan sólo quedará de testigo de mi muerte, un monitor que contó que mi corazón había dejado de latir durante tres minutos.

LA SANGRE DEL ALMA



Algo me recorrió por dentro entonces. Como una daga en el corazón, sangraba, pero de una manera más profunda y dolorosa. Mi voz se iba apagando, y mis ojos quedaban empapados por algo líquido que salía de ellos. Algo dentro de mí se rompía, y aunque no sabía muy bien por qué y qué era, sabía que no era nada exterior, sino algo interior, pues no alcanzaba a imaginar que esto pudiera ser una tortura física, por lo que tendría que ser de otro tipo, más lacerante y mezquina. ¿Qué me estaba ocurriendo? No entendía nada, pero este calvario no se lo hubiera deseado ni a mi más letal enemigo. Era demasiado cruel. Algo dentro de mí empieza un llanto procesionario, que no creo que pueda parar.
Entonces noto en mi mano algo frío, y la lenvanto para ver qué es. Una pequeña gota de agua se desliza lentamente por ella, y poco tiempo después es seguida por más gotas que caen de mis ojos. entonces pienso, ¿qué es esto trasparente que cae de ellos? En aquel momento tan sólo encontré un nombre apropiado para eso. A las pequeñas gotitas las llamé "la sangre del alma", que hoy se conocen con el nombre de lágrimas.

EL DESPERTAR DE UN SENTIMIENTO


Mi corazón alcanza un tempo rápido,
mis piernas comienzan a flaquear,
mis manos se abren temblando
cuando tú me observas al despertar.